martes, 8 de abril de 2014

+ Evangelio según San Juan 11,1-45

+ Evangelio según San Juan 11,1-45
En aquel tiempo, las hermanas de Lázaro mandaron a Jesús este mensaje: -"Señor,  tu amigo está enfermo". Jesús, al oírlo, dijo: -"Esta enfermedad no acabará en la  muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea  glorificado por ella". Aunque Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro, cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba. Después dijo a sus discípulos" -"Vamos otra vez a Judea". Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: -"Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá". Jesús le dijo: -"Tu hermano resucitará". Marta respondió: -"Se que resucitará en la resurrección del último día". Jesús le dice: -"Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?". Ella le contestó: -"Si, Señor, yo creo que tu eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo". Jesús se conmovió profundamente y se estremeció. Después preguntó: - "¿Dónde lo han enterrado?". Le contestaron: -"Señor, ven a verlo". Y Jesús lloró. Los judíos comentaban: ¡Cómo lo quería!". Pero algunos dijeron: -"Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podrá haber impedido que muriera éste?". Jesús, sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cueva tapada con una piedra. Dijo Jesús: -"Quiten la piedra". Marta, la hermana del muerto, le dijo: - "Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días". Jesús le dijo: -"¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?". Entonces quitaron la piedra. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: -"Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado". Y dicho esto, gritó con voz potente: -"Lázaro, ven afuera". El muerto, salió, con los pies y

las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús le dijo: "Desátenlo y déjenlo ir". Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. 

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